Vaccea Anuario, 18 (2025)ISSN: edición impresa: 2659-7179; edición en línea: 2659-7187 https://editorialvaccea.es/vaccea-anuario Editorial Vaccea, CEVFW Universidad de Valladolid Cómo citar: Sanz Mínguez, C. y Rodríguez Gutiérrez, E. (2025) “Producciones singulares vacceas: ralladores tabu- lares y raspadores podomorfos”, Vaccea Anuario, 18, pp. 61-88. https://doi.org/10.69531/VPPT-9326-PNTV *Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg – GIR AHMat, Universidad de Valladolid, csanz@uva.es, ORCID: 0000-0002-9828-9660; elvira.rodriguez@uva.es, ORCID: 0000-0002-4853-1412.Recibido: 23 de julio de 2025 / Aceptado: 30 de septiembre de 2025 Resumen: Se recogen y estudian una treintena de ralladores cerámicos vacceos, unos tabulares y otros, más abundantes, podomorfos. Ambos poseen una serie de dientes, normalmente organizados en filas de orientación alterna que facilitan el raspado de superficies en su desplazamiento de vaivén. El carácter marcadamente funcio-nal de los mismos, determinado por la presencia de dichos dientes, creemos que obliga a cambiar su interpreta-ción tradicional de piezas “votivas” por otra de útiles para la pedicura. El trabajo a punta de navaja y las decoracio-nes excisas de algunos ejemplares proporcionan, no obstante, un carácter protector a estos objetos. Así mismo indagamos en el origen y evolución de este tipo de ralladores/raspadores, tomando como referencia el mundo orientalizante e ibérico de las producciones meseteñas. Por último, aunque los pies fueron descubiertos inicial-mente en los territorios arévacos y berones, la mayoría de los hallazgos se localizan en la actualidad en el entorno vacceo, lo que nos lleva a identificar a este pueblo prerromano como responsable último de su invención. Palabras clave: Edad del Hierro, vacceos, pedicura, excisión, raspadores podomorfos, ralladores tabulares. Abstrat: Hirty Vaccean ceramic graters have been collected and studied, some tabular and others, more abun-dant, podomorphic. Both types have a series of teeth, usually arranged in alternating rows, which facilitate the scraping of surfaces as they are moved back and forth. We believe that their markedly functional nature, deter-mined by the presence of these teeth, requires a change in their traditional interpretation as “votive” pieces to one of utility for pedicure. However, the knife-point work and excised decorations on some pieces give these objects a protective character. We also investigate the origin and evolution of this type of grater/scraper, taking the Orientalizing and Iberian worlds as a reference for the inspiration behind the Meseta productions. Finally, al-though the feet were initially discovered in Arevaci or Berones territories, most of the finds are currently located in Vacceo territory, which leads us to identify this pre-Roman people as ultimately responsible for their invention. Keywords: Iron Age, Vaccaeans, Pedicure, Chip-carving, Podomorphic scrapers, Tabular graters. Carlos Sanz Mínguez* y Elvira Rodríguez Gutiérrez*
62 Entre las producciones singulares de la cultura ma-terial vaccea a las que venimos dedicando atención en los últimos tiempos (Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2019), no resultan especialmente abundantes los de-nominados “pies votivos” (popularizados a partir de los hallazgos iniciales producidos a principios del siglo XX en las excavaciones de Numancia) o las, más re-cientemente reconocidas, piezas “tabulares”. Hemos insistido en la conveniencia de referirnos a los primeros como raspadores antes que ralladores. En este matiz creemos que radica la función de piezas técnicamente muy parecidas, pero con especificidades propias. Si acudimos a la RAE la diferencia entre rallar (“desmenuzar algo restregándolo con el rallador”) y raspar (“frotar ligeramente algo quitándole alguna parte superficial”) queda manifiesta, por más que las superficies activas de nuestros objetos estén construi-das de igual manera. En efecto, ciertas piezas tabula-res cerámicas parece que tuvieron el objetivo de rallar, mientras que las que adquieren forma de pie podrían tan solo pretender quitar una parte superficial sin lle-gar a desmenuzar, ni buscar aprovechamiento alguno de los restos desprendidos. En cualquier caso, conside-raremos conjuntamente unas y otras.La preparación de la superficie de rallado o raspa-do es común a todos los ejemplares que la incluyen, ya sean vasculares, tabulares o podomorfos. Como ya hemos indicado en otras ocasiones (Sanz, 1997: 330-333; Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2019: 89) la operatividad del raspador estaría determinada por la presencia de una serie de filas de dientes obtenidos mediante incisiones verticales profundas de una pun-ta de navaja o similar sobre el barro en textura cuero, combinada con una presión hacia delante de la mis-ma, con el objetivo de levantar la superficie incidida y crear el diente propiamente dicho. En definitiva, es la presencia de esta secuencia de dientes alineados la que otorga unidad funcional (en sus variantes de rallado o raspado, como veremos) a la di-versidad de piezas que las incluyen. Por ello, para cons-tituir una tipología integradora y completa, creemos necesario considerar de manera conjunta todas las pie-zas que poseen tal tratamiento. De esta forma, pese a haberse planteado recientemente diversas propuestas Fig. 1. Tipología de los ralladores y/o raspadores: vasculares (A), tabulares (B) y podomorfos (C).
63 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos tipológicas para los ralladores vacceos (Blanco, 2018-2019: 82-84, aquí se excluyen los podomorfos; Sanz, 2019: 49, aquí no se consideran los de carácter vascu-lar), creemos que se hace necesario proponer otra nue-va que se expresaría en los siguientes términos (fig. 1):Tipo A: ralladores vasculares (con recogida en cavidad del recipiente)Tipo A1. Catino troncocónico o escudilla.Tipo A2. Catino trípode.Tipo A3. Copa.Tipo B: ralladores/raspadores tabulares (ra-llado y/o raspado con –incierta- recogida)Tipo B1. Tabular o de pastilla rectangular.Tipo B2. Tabular sobre galbo de cerámica vascular (cuadrangular o losángico).Tipo C: raspadores podomorfos (raspado sin -o incierta- recogida)Tipo C1. Podomorfo truncado por la caña.Tipo C2. Podomorfo en extremo de próto-mo de caballo de cabeza exenta.Tipo C3. Podomorfo de prótomo de caba-llo de cabeza fundida al empeine.Tipo C4. Podomorfo de talón-asidero.Como puede comprobarse en la propuesta ahora realizada, la primera distinción pone su atención en si lo rallado queda recogido en el propio recipiente (tipo A) o no, por lo que los tabulares (tipo B) y podo-morfos (tipo C) saldrían de ese primer rango, ya que en ambos la materia rallada no quedaría incorporada a un contenedor, o incluso no sería necesaria la pro-pia acción de recoger. Un aspecto técnico de cierto interés, en relación directa con esta primera distin-ción, es la construcción de las superficies de rallado, diferentes según se trate de ralladores vasculares de un lado, o de tabulares y podomorfos de otro, res-pectivamente: con la misma orientación de los dien-tes, o variando su orientación de manera alterna en cada fila para adaptarse y ser más efectivos en su movimiento de vaivén (fig. 2). De esta forma, en los ralladores vasculares el rallado se realizaría desde el borde de la pieza hacia su fondo, repitiendo el des-plazamiento una y otra vez de arriba a abajo; por el contrario, en los tabulares, tanto si el objeto a rallar es el que se desplaza, como si es el propio rallador el que lo hace, se produciría un movimiento de vaivén, entrando en acción permanente las hileras de dientes orientadas de una y otra manera. Para los podomor-fos, al menos en su función de pedicura propuesta (Sanz, 1997: 333) (otras alternativas también serían posibles), sería el raspador el que se desplazara sobre las asperezas del pie.Dentro del tipo B parece clara la distinción entre las piezas tabulares (tipo B1), concebidas como tales desde el inicio de su producción, aplicando los criterios de talla-do a punta de navaja característicos de las producciones singulares excisas vacceas, con respecto de las constitui-dos por un simple recorte de la pared de un vaso tornea-do malogrado en el proceso de elaboración, al que se le ha dotado de la superficie de raspador (tipo B2). Finalmente, el tipo C ofrece por el momento cua-tro variantes, según presente su extremo proximal truncado (tipo C1) o rematado en forma de cabeza de caballo, arqueada y exenta (tipo C2) o arqueada y unida al empeine (tipo C3). El tipo C4 está repre-sentado por un único ejemplar fragmentario, lo que no impide observar sus características esenciales que coincidirían con la forma de una babucha o zapatilla abierta, sin talón, que en esa zona posterior serviría como asidero.En cualquier caso, creemos que es necesario des-cartar, de una vez por todas, la interpretación de que las suelas de estas piezas sea una simple decoración. Fig. 2. Detalle de los dientes, de orientación alterna, de la suela de un raspador podomorfo (izda.) y ensayo experimental de su funcionalidad a partir de una réplica (dcha.).
64 En este trabajo nos centraremos, pues, exclusi-vamente en el estudio de los tipos B y C, remitiendo para más información sobre el tipo A al citado trabajo de Blanco García. 1. Breve repaso historiográfico sobre los hallazgos Como no pocas veces ha ocurrido en el territorio vacceo con otros tantos materiales arqueológicos, el bajo tono de la historiografía vaccea frente al tem-prano desarrollo de otras arqueologías como la veto-na o la arévaca, explican que los primeros hallazgos de los ralladores podomorfos se produjeran antes en las zonas de influencia que en las que hoy, a la luz de los nuevos datos, podemos fijar como de origen. De esta forma, los hallazgos iniciales se van a pro-ducir en territorio celtibérico. La primera referencia que conocemos sobre este tipo de objetos procede del marqués de Cerralbo, quien ofrece una fotografía de un pie hallado en Cerro Villar de Arcóbriga (Aguilera y Gamboa, 1911, V: lám. XIV, 2; con dibujo en: Lorrio y Sánchez, 2009: 483-484, fig. 190: 14). Un ejemplar similar al que, muy poco tiempo después, describe la Comisión Ejecutiva de las excavaciones de Numancia (1912: 37, lám. LII) (fig. 3): «hay un objeto de carácter escultórico sumamente curioso: es un pie calzado con bota, á modo de coturno ó alto borceguí, sobre el que se dibujan en zis-zas calados ó correíllas en encontradas direcciones, y en la suela por medio de labor punteada, las indicaciones del cosido. […] Posiblemente es éste el borceguí que, según Estrabón, usaban los lusitanos de á pie. Un ejemplar análogo, de distinta procedencia, exis-te en el Museo Arqueológico Nacional [seguramente se refiera al que lleva por núm. de Inventario 3459]. Se trata, sin duda, de pies votivos, y en Numancia mismo salió otro pie pequeño y liso, también de barro y con orificio de suspensión [sic]». Unos años después, en la Memoria Descriptiva presentada por el presidente de la Comisión Ejecutiva, correspondiente a las excavacio-nes de 1916 y 1917, se recoge otro de los hallazgos nu-mantinos: «pero en el ejemplar descubierto en 1917, a tres metros de profundidad, y entre carbones, en la manzana XVIII, la pierna correspondiente se prolonga achatada, se estiliza y encorva, hasta convertirse en arqueado cuello y delgada cabeza de caballo» (Mélida, 1918: 16-17, lám. XII, B). Federico Wattenberg (1963) reúne los tres ejemplares numantinos hallados hasta el presente en el mítico enclave, haciendo referencia también a un hallazgo de esta naturaleza en Las Cogo-tas (Ávila). Otro ejemplar, fue referenciado para Langa de Duero (Taracena, 1929) sin más detalle y en la actua-lidad en paradero desconocido. Tenemos que esperar a los años ochenta del si-glo pasado para que las referencias a este peculiar objeto alcancen también al territorio vacceo: cua-tro ejemplares en Roa de Duero (Burgos) (Sacristán, 1986: 383, lám. LXX). Con posterioridad, en los años 90, Cuéllar (Segovia) ofrece un nuevo ejemplar (Ba-rrio, 1993, por más que aquí se identifique como la pata de una cajita) y cinco más en Pintia, aunque to-dos ellos descontextualizados (Sanz, 1997: 173, fig. 170). En relación con este último yacimiento valli-soletano nos llama la atención, como ya señalamos en la monografía específica sobre producciones ex-cisas vacceas (Sanz, 2019: 50), que este tipo de ha-llazgos no se hayan multiplicado, de manera acorde a como ha sucedido con las cajitas zoomorfas o los sonajeros, en el desarrollo de las investigaciones en el ambiente necropolitano de Las Ruedas de Pintia. Tal circunstancia responde, muy probablemente, a la exclusión de este tipo de objetos de los ambientes funerarios (Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2019: 87-88), siendo el contexto habitacional el preferente en los escasos lugares donde se recuperaron en excavación arqueológica y no superficialmente: así, las piezas de Numancia, la de Cuéllar o algunas de Roa de Duero e incluso las propias de Pintia, ya que aquí fueron re-cogidas mayoritariamente en la superficie del hábitat de Las Quintanas. No obstante, conviene no olvidar que en La Hoya (Laguardia, Álava) uno de los ejempla-res apareció en la necrópolis de Las Piñuelas.En cualquier caso, con carácter previo parece ne-cesario presentar el registro de estos materiales que, en la medida de lo posible, hemos procurado consultar directamente o al menos documentar con nuevas imá-genes, si bien no en todos los casos esto fue posible 1 . 2. Inventario de las piezas En la actualidad tenemos constancia de 31 raspadores de los tipos B y C, al margen de las dos referencias de Langa de Duero y Las Cogotas no contrastables. El tipo B, tabular o de placa, es el más excepcional, con tan solo 4 ejemplares (dos en Pintia, uno de ellos inédito que da-mos a conocer ahora, Cauca y Tiedra). Los podomorfos o tipo C alcanzan la cifra de 27, de los cuales cinco no pueden asimilarse a un tipo concreto por su grado de fragmentación. El resto se reparten entre quince ejem-plares de tipo C1, tres de tipo C2, tres de C3 y uno de tipo C4. Pues bien, observemos ahora cómo se distribu-yen estas piezas en la geografía prerromana de la penín- sula ibérica y analicemos una a una sus características. Fig. 3. Fotografía de uno de los pies numantinos (según Comisión Ejecutiva de las excavaciones de Numancia, 1912).
65 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos 2.1. Berones2.1.1. La Hoya, Laguardia (Álava). Museo BIBAT, LHY-N.1988.155.40 (fig. 4: 1). Con procedencia de su necrópolis de incineración de Las Piñuelas, se cita la «aparición de un pie votivo en arcilla decantada, con representación de la sandalia», por lo que el contex-to funerario no debe ser descartado para este tipo Fig. 4. Ralladores podomorfos del ámbito berón: 1 y 2. La Hoya, Laguardia (Álava) (Museo BIBAT de Álava; fotografías: CEVFW/UVa); 3. La Custodia, Viana (Navarra) (según Labeaga, 1999-2000: 124 y 197, figs. 412 y 544).
66 de objetos (Filloy, 1993: 383). La pieza ha podido ser consultada directamente en el Museo Arqueológico de Vitoria. Se trata de un pie izquierdo, fragmentado en la puntera y aparentemente también en la parte superior de la caña. Posee un aspecto no tallado, sino modela-do. Asimismo, parece un barro crudo que no haya sido cocido; de hecho, al disponerlo para su fotografiado deja mancha en el soporte, además de que en los dos frentes de rotura las líneas de fractura están redon-deadas. No es posible determinar si esta apariencia es el resultado de la limpieza actual de la pieza o si, por el contrario, responde a un tratamiento antiguo de la superficie. Muestra marcados la suela, que se eleva en la zona del talón, así como ambos maléolos del tobillo de manera muy realista, al localizar ligeramente más elevado y prominente el maléolo tibial con respecto del peroneal. En la parte inferior se incluyen 8 filas de dientes, cuya actual presencia lisa, sin capacidad para raspar, podría ser el resultado de una abrasión de sus dientes como consecuencia de la falta de cocción o, sencillamente, en el proceso de limpieza actual. Todas las filas de dientes están incompletas y planteadas en la misma dirección; su recuento proporciona los si-guientes números: 1.ª (7), 2.ª (17), 3.ª (21), 4.ª (24), 5.ª (24), 6.ª (24), 7.ª (24) y 8.ª (7). Sus medidas son: longi-tud conservada 83,6 mm; anchura máxima conservada 48,7 mm; altura conservada 72,6 mm.2.1.2. La Hoya, Laguardia (Álava). Museo BIBAT, LHY-I-1610, (fig. 4: 2). Este segundo ejemplar inédi-to procede del poblado de La Hoya, sector I, nivel A2, cuadro E2, recinto 58; coordenadas: x= 64, y= 200, y z= -59 cm. Es también un pie izquierdo calzado, con la suela marcada y elevada hacia el talón, con muy escaso desarrollo en la caña y cortado aquí en forma oblicua. La planta muestra 7 filas de dientes, todos en la misma dirección, ofreciendo el siguiente cómputo: 1.ª (23), 2.ª (25), 3.ª (25), 4.ª (27), 5.ª (27), 6.ª (24) y 7.ª (13), si bien, a excepción de la 6.ª y 7.ª, todas están incompletas por hallarse la puntera rota. Medidas: longitud conservada 86,7; anchura máxima 43,7 mm; altura 43,5.2.1.3. La Custodia, Viana (Navarra), (fig. 4: 3). De este ejemplar solamente conocemos un dibujo a línea y una fotografía en blanco y negro de una sola norma lateral. Se trata de un pie calzado carente de un con-texto preciso, que suponemos superficial y del pobla-do. Se interpreta como una ofrenda a la divinidad por un voto realizado o un favor recibido, recogiendo la idea de que el pie pudiera constituir una ofrenda para culminar con éxito un viaje (Labeaga, 1999-2000: 124 y 196-197, figs. 412 y 544). La pieza no ha podido ser consultada directamente, pero por la curvatura que muestra en la parte superior, podría pertenecer al tipo C2, con remate en cabeza de caballo. Se trata de un pie calzado, como queda remarcado a través de un entalle perimetral, más elevado en el talón, en forma de suela de sandalia.2.2. Celtíberos (arévacos)2.2.1. Klounioq, Quintanaraya/Hinojar del Rey (Burgos), (fig. 5: 1). Este ejemplar se encuentra muy fragmentado y erosionado en superficie, re-cordando la forma de una pezuña de hervíboro, y, por tanto, se corresponde con la puntera del pie. El anverso es liso y la suela presenta los caracte-rísticos dientes, en este caso con cierto carácter desordenado: se intuyen ciertos alineamientos y disposición perimetral de dientes, pero combinada también con un relleno un tanto anárquico. El ha-llazgo es superficial y debemos su conocimiento a la amabilidad de Luis Valdés.2.2.2. Contrebia Leucade, Aguilar del Río Alama (La Rioja). Museo de La Rioja, n.º inv. 5739, (fig. 5: 2). El hallazgo de un pie, erróneamente atribuido por no-sotros al territorio berón (Sanz, 2019: 49, fig. 10), ha sido referenciado recientemente, como recuperado por Blas Taracena en las excavaciones arqueológicas realizadas en 1934 en este lugar, aunque sin ofrecer más información que su núm. de inventario (5739 del Museo de La Rioja) (Romero y de Pablo, 2019: 111). La pieza está incompleta por la puntera, lo que no impide adscribirla al tipo C1. Tiene una factura poco canónica, con un talón muy marcado y sin que apenas queden marcadas líneas de corte. Posee un orificio lateral rasgado que conecta un lateral con el plano superior truncado. En la planta se observan cinco filas de dientes de orientación alterna. 2.2.3. Langa de Duero (Soria). Carecemos de refe-rencia gráfica o descriptiva para esta pieza citada por Blas de Taracena (1929). 2.2.4. Numancia, Garray (Soria). Museo Numantino de Soria, n.º inv. 6167, (Wattenberg, 1963: 42, tabla XVII: 457) (fig. 5: 3). Rallador podomorfo de tipo C2, completo, pero fragmentado en dos piezas (cabeza y resto); aparentemente pie derecho. Tiene tres gol-pes con pequeños lascados: dos en la base (parte izquierda del pie) y otro en el talón, resultantes de golpes desde el plano inferior. El extremo proxi-mal está conformado por una cabeza de caballo de rasgos muy exagerados, con la cerviz fuertemente arqueada, un morro prismático alargado con las cuatro aristas biseladas, una quijada muy pequeña y una frente asimismo delineada por cuatro biseles que configuran un espacio romboidal y, finalmente unas orejas delimitadas por cortes laterales y exci-sión triédrica en sus interiores. Presenta un color marrón-avellana, la pasta parece muy tamizada y la superficie lisa muestra cierta regularización de la superficie humedeciéndola tras el tallado, lo que se observa sobre todo en el corte vertical de la zona próxima a la suela. La pieza debía suspenderse de un cordel cuando no estuviera en uso, merced a la
67 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos presencia de un orificio de 2,7 mm de diámetro. En cuanto a la suela, esta presenta once columnas de dientes con la misma orientación y con cierta si-metría, ya que la columna central incluye el máxi-mo de dientes y hacia ambos extremos disminuyen acompasadamente de manera similar; en total su-maría unos 178 dientes (en la fractura de la pieza estimamos que se perdieron cuatro). Medidas: altu-ra 116,5 mm; longitud 101,8; anchura máxima 45,8 mm; anchura mínima (talón) 19,6 mm. Fig. 5. Ralladores podomorfos en territorio celtibérico: 1. Clunia, Coruña del Conde/Peñalba del Castro (Burgos) (fotografía: Luis Valdés). 2. Contrebia Leucade, Aguilar del Río Alhama (La Rioja) (fotografía del Museo de La Rioja, Logroño); 3. Numancia, Garray (Soria) (Museo Numan-tino de Soria, dibujos: Marian Arlegui; fotografías: CEVFW/UVa).
68 2.2.5. Numancia, Garray (Soria). Museo Numantino de Soria, n.º inv. 6165, (Wattenberg, 1963: 42, tabla XVII: 460), (fig. 6). Rallador podomorfo de tipo C1. Es un pie calzado, con sandalia con talonera y suela, am-bos destacados, en el que se marcan con bandas de zigzag sus cintas de sujeción a la canilla de la pierna. Fig. 6. Rallador podomorfo de Numancia, Garray (Soria) (Museo Numantino de Soria; dibujos de Marian Arlegui; fotografías del CEVFW/UVa).
69 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos Fig. 7. Ralladores podomorfos en territorio celtibérico: 1. Numancia, Garray (Soria) (Museo Numantino de Soria; dibujos de Marian Arlegui; fotografías del CEVFW/UVa); 2. Arcóbriga, Monreal de Ariza (Zaragoza) (Museo Arqueológico Nacional, n.º inv. 1940/27/ARC/2175; fotogra-fía: Ángel Martínez Levas).
70 Presenta un total de nueve bandas de zigzag y una de triángulos simples. Entre las primeras, una superior perimetral y horizontal; dos que parten de esta hacia la puntera (una vertical que termina en el talón y otra anterior o delantera derecha); de la zona del empei-ne surge otra por el lado izquierdo que muere en la banda transversal de triángulos excisos próxima a la puntera. Cuatro cintas más, de cierta simetría en cada uno de los flancos: dos que van del empeine al inicio del talón y dos más del empeine a la cinta vertical pos-terior. Finalmente, una cinta más aparece en la base del talón, desde el mismo arranque de este. Por lo que respecta a la conservación, observamos que la pieza se halló fragmentada en dos partes: la superior de colora-ción oscura (resultante de un proceso postcocción en relación seguramente con una estructura de hábitat incendiada) y la plantar en color anaranjado original. En la parte superior se observan dos improntas de un asa rota y perdida que probablemente se rompiera en proceso de talla de la pieza, lo que determinó que se practicara, con la pieza todavía en textura de cue-ro, una perforación oblicua desde la banda de zigzag horizontal superior hasta el centro del plano superior truncado, para poder ser suspendida mediante cordel. Presenta además tres golpes con extracción de “lasca-dos”, en este caso al contrario que en la pieza 6167, desde el plano superior, por lo que las extracciones afectan a la suela. Esa muestra la zona de raspador en la parte media-delantera, con siete columnas concén-tricas de dientes de longitud variable que alternan su orientación. Excisiones diédricas decoran el talón de la suela. La factura del rallador es muy buena, con los motivos excisos muy limpios en su corte y acompasa-dos. La única arista biselada observable se encuentra en la parte superior truncada. Medidas: longitud 105,2 mm; altura 8,1 mm; anchura máxima 38,7 mm; anchu-ra mínima 27,7 mm; diámetro perforación orificio de suspensión 2,9 mm. 2.2.6. Numancia, Garray (Soria). Museo Numantino de Soria, n.º inv. 6166 (Comisión Ejecutiva, 1912; Mélida, 1918; Wattenberg, 1963: 42, tabla XVII: 458), (fig. 7: 1). Rallador podomorfo de tipo C3, único com-pleto que conocemos y que permite definir el tipo, con cabeza de caballo fundida al empeine del pie, el cual se configura con dos planos inclinados. Parece corresponder a un pie izquierdo calzado y posee cier-to aspecto de sello. Presenta una suela con la zona de dientes en rehundido, de manera que muestra un perfil perimetral elevado a modo de listel, salvo en la puntera. Los dientes permiten observar una impronta estriada muy llamativa, como que la punta del cuchi-llo (de ser este el útil empleado) estuviera mellada. Las diez columnas verticales de dientes alineados alternan el sentido de su ejecución, de manera que el raspado se mantenga efectivo en cualquiera de las direcciones longitudinales de desplazamiento; la pri-mera de las columnas por la izquierda abarca la zona curva del talón y la última apenas tiene cabida en la parte derecha de la puntera; en total se incluyeron 177 dientes (de izda. a dcha.: 35 + 21 + 23 + 23 + 18 + 18 + 15 + 11 + 10 + 3). El listel perimetral de la suela muestra abundantes desconchones sobre todo en la parte interior del pie. El afacetado característico de estas producciones solo se observa en cabeza y ore-jas del animal; el pabellón auditivo se configura como una mandorla en bajo relieve y una excisión diédrica interior. El asa es de sección ovalada. Medidas: lon-gitud 68,3 mm; anchura máxima 32,4 mm; anchura mínima 19,4 mm; altura 48.2.2.7. Arcóbriga, Monreal de Ariza (Zaragoza). Mu-seo Arqueológico Nacional de Madrid, 1940/27/ARC/2175, (Aguilera, 1911; Lorrio y Sánchez, 2009), (fig. 7: 2). Este ejemplar completo muestra una eti-queta de papel pegada con restos de la sigla inicial. Responde al tipo C1 (podomorfo truncado), es un pie derecho aparentemente calzado. El barro es de color anaranjado y decantado, pudiéndose observar algunos de los planos de corte que lo han configurado mediante la técnica de la talla a punta de navaja. En el extremo superior se dispuso una perforación, desde el lateral derecho hasta el plano superior truncado, para insertar un cordel de suspensión. La base en su zona del talón muestra un desconchón, lo que impide precisar exactamente el número de dientes practica-dos (se conservan 130) en seis columnas de disposi-ción contraria alternante. 2.3. Vetones2.3.1. Las Cogotas, Cardeñosa (Ávila). F. Wattenberg (1963) recoge la noticia de un posible pie en este enclave, pero no tenemos ninguna referencia más al mismo. La proximidad del castro abulense al terri-torio vacceo hace verosímil esta presencia, máxime cuando en su zona de hábitat se recogieron diversas arquetas o cajitas, alguna completa y con decoración estampada, otras fragmentarias y con zigzags excisos. Lamentablemente, no tenemos más referencia que la señalada, que no ha sido posible comprobar.2.4. Vacceos2.4.1. Rauda, Roa de Duero (Burgos), (Sacristán, 1986: lám. LXX: 2), (fig. 8: 1). Este ejemplar de ralla-dor podomorfo de tipo C1 se encuentra casi comple-to, con una rotura mínima en el talón; corresponde a un pie izquierdo. Muestra una sencilla decoración de triángulos excisos alineados a cada lado de la caña y los dientes de la suela se organizan en seis hileras ar-queadas que recorren toda la superficie de la planta, alternando su orientación. Está realizado en un barro anaranjado muy decantado y muestra algunos impac-tos que han desprendido parte de su superficie. Medi-das: longitud 6,8 mm; anchura 35 mm; altura 5,6 mm.
71 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos 2.4.2. Rauda, Roa de Duero (Burgos), (Sacristán, 1986: lám. LXX: 1), (fig. 8: 2). Rallador podomorfo completo de tipo C1 correspondiente a un pie de-recho calzado, con el cerco resaltado, ligeramente desportillado en la puntera. La superficie carece de decoración y el extremo superior de la caña ofrece un corte oblicuo limpio. Los dientes se organizan en la parte delantera de la suela, formando seis hileras ar-queadas con la misma orientación. Medidas: longitud 10 mm; anchura 2,7 mm; altura 4,2 mm.2.4.3. Rauda, Roa de Duero (Burgos). RA-93/PP2/CN/1, (fig. 9: 1). Ejemplar inédito de rallador podomor-fo fragmentado por ambos extremos, caña y puntera. Fig. 8. Ralladores podomorfos de Rauda, Roa de Duero (Burgos) (Museo de Burgos; dibujos de Sacristán, 1986; fotografías del CEVFW/UVa).
72 Corresponde al tipo C1, es un pie izquierdo y posee una estructura muy estrecha. En la planta se alinean cuatro filas de dientes de orientación alternante.2.4.4. Rauda, Roa de Duero (Burgos). 03.37/175/4/-9.400, (fig. 9: 2) Rallador podomorfo inédito que, aun-que fragmentado, puede adscribirse al tipo C3, gra-cias a las dos improntas de la rotura que presenta en la parte superior correspondientes al asa característi-ca de este modelo. Se trata de un pie calzado, aparen-temente izquierdo. La planta del calzado queda divi-dida por una bóveda con un marcado trazado de arco de medio punto, de manera que el tacón resta liso y en la parte delantera se desarrollan nueve fotografías Fig. 9. Ralladores podomorfos de Rauda, Roa de Duero (Burgos) (Museo de Burgos; fotografías del CEVFW/UVa).
73 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos del densas hileras alternantes de dientes delimitados perimetralmente por línea incisa. Muestra una rica y habilidosa decoración excisa a base de alineamiento de triángulos excisos delimitando el cerco y el talón, así como marcando una línea de pulsera en la parte más alta de la pala del zapato, correspondiente al em-peine. Desde esa línea hacia la puntera de desarrolla una hermosa decoración en dos planos delimitados igualmente por línea de triángulos excisos que dejan un listel liso longitudinal y, a ambos lados, un juego de grandes triángulos delimitados por líneas de exci-sión diédrica. 2.4.5. Rauda, Roa de Duero (Burgos), (fig. 10: 1). Rallador podomorfo fragmentado a la mitad longi-tudinalmente y también en la parte superior de la caña. Parece un pie derecho y se incluye la indica-ción del maléolo externo. Esta pieza no ha sido loca-lizada en el Museo de Burgos, por lo que hemos de remitirnos para su valoración a lo publicado por J. D. Sacristán (1986: lám. LXX: 3). A través del dibujo no es posible determinar si las cinco hileras rectas de dientes de la planta poseen la misma orientación o son alternas.2.4.6. Rauda, Roa de Duero (Burgos), (Sacristán, 1986: lám. LXX: 8), (fig. 10: 2). Hemos incluido esta pieza como posible incurvamiento de un raspador podomorfo de tipo C2. Posee sección hexagonal y podría responder al cuello de un équido. La adscripción propuesta no es incompatible con el mango de un simpulum cerámico como los documentados en Pintia o Palenzuela, por lo que debe ser tomada con cautela. 2.4.7. Rauda, Roa de Duero (Burgos), (Cristóbal, 2020: 82), (fig. 10: 3). Ejemplar incompleto y sin con-texto, recogido en 1993 a los pies de un corte estrati-gráfico de época vaccea, realizado sin control arqueo-lógico. El ejemplar se halla fragmentado por ambos extremos, puntera y caña, lo que no impide asimilarlo al tipo C1; toda su superficie está lisa, libre de decora-ción, y en la suela muestra cuatro alineaciones longi-tudinales de los característicos dientes.2.4.8. Cerro Tormejón, Armuña (Segovia), (Martín Vela, 2021: 90-91, fig. 13: 1), (fig. 11: 1). El ejemplar se encontró fragmentado aparentemente por am-bos extremos, es decir, en la puntera y en la caña, si bien aquí el corte más o menos homogéneo y oblicuo (como el practicado en el segundo ejemplar de La Hoya, Laguardia), podría sugerir un acabado intencio-nado. Se utilizó el habitual barro anaranjado bien de-cantado y carece de decoración alguna en su super-ficie externa, si bien en la planta pueden observarse, de talón a puntera, al menos seis bandas longitudi-nales de dientes con orientación alternante. Parece corresponder al tipo C1. 2.4.9. Cuéllar (Segovia), (fig. 11: 2). Aunque presen-tada como un fragmento de pata de cajita (Barrio, 1993: 208, fig. 19: 84) y, en consecuencia, represen-tada de manera invertida en el dibujo ofrecido, en realidad se trata de un pie del que solamente se ha Fig. 10. Ralladores podomorfos de Rauda, Roa de Duero (Burgos) (Museo de Burgos; dibujos 1 y 2, Sacristán, 1986; dibujo 3, Cristó-bal, 2020).
74 conservado la caña de la bota y el inicio del talón. Muestra decoración de triángulos excisos y de espi-guilla incisa. La pieza, custodiada en el Museo de Se-govia, no ha podido ser consultada de manera directa al no ser localizada en el Museo. 2.4.10. Palenzuela (Palencia), (fig. 11: 3). Fragmen-to de rallador podomorfo correspondiente a la zona del empeine. Fue depositado recientemente (2023) en el Museo de Palencia por Veterum Arqueólogos, S.L., siendo donación de D. Isidoro Mínguez Rayaces. El ejemplar resulta muy incompleto, por lo que no es posible determinar a qué tipo corresponde. El barro está tamizado y es de color anaranjado. El empeine no parece mostrar los dos planos característicos de esta zona, más bien se trata de una superficie redondea-da. Muestra aquí decoraciones a base de impresiones triangulares a punta de navaja, tal vez remedando cin-tas en la parte delantera; esas impresiones también se extienden al lateral con una banda de tres hileras. En la suela se observan seis hileras de dientes orientados todos ellos hacia la puntera y de relieve prácticamen-te inexistente. Medidas: longitud conservada 58 mm; anchura conservada 37 mm; altura conservada 18 mm. Fig. 11. Ralladores podomorfos: 1. Cerro Tormejón, Armuña (Segovia); (fotografías Raúl Martín Vela); 2. Cuéllar (Segovia) (según Barrio, 1993); 3. Palenzuela (Palencia) (Museo de Palencia; fotografías del CEVFW/UVa); 4. Cauca (Segovia) (según Blanco, 2018).
75 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos 2.4.11. Cauca, Coca (Segovia), (Blanco, 2018: 166, fig. 3.96; Blanco, 2018-2019: 80-81, fig. 4: 1), (fig. 11: 4). Ejemplar de rallador tabular de nuestro tipo B1. Se han conservado dos fragmentos próximos entre sí que permiten una reconstrucción rectangular de la pieza con una posible asa. Las cinco hileras de dien-tes conservadas están enmarcadas por doble línea incisa perimetral. Los dientes muestran disposición alternante, de manera que la acción del rallado se realizaría permanentemente en el desplazamiento del vaivén. 2.4.12. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid). Dp 4564, (Sanz, 1997: 173 y 175, fig. 170: I (536)), (fig. 12: 1). Hallazgo superficial, necrópolis de Las Rue-das (colección V. Melero). Raspador podomorfo, de cerámica, de pasta muy decantada y color grisá-ceo-parduzco. Presenta aspecto calzado con bota, impresión a la que contribuye un biselado perime-tral próximo a la base. Dos grandes planos de bise-lado, de la puntera a la caña, con arista central, con-forman el empeine y la parte delantera del pie. Su superficie no fue objeto de decoración y en la parte superior de la caña se ha practicado un corte diédri-co siendo el plano superior aprovechado para reali-zar un taladro de suspensión de la pieza. Por último, la zona plantar se halla recorrida longitudinalmente por ocho alineaciones de dientes, de orientación al-terna. Medidas: altura 105 mm; longitud 117 mm; anchura máxima 38 mm.2.4.13. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid). Dp 4567, (Sanz, 1997: 173 y 175, fig. 170: IV), (fig. 12: 2). Las Quintanas, hallazgo superficial (colección J. A. Izquierdo). Pie fragmentado por la puntera, de color anaranjado. Presenta en el extremo de la caña un sis-tema de suspensión conseguido mediante el adelga-zamiento de la sección con dos cortes en el eje lon-gitudinal que determinan una lengüeta centrada con un orificio para la suspensión. Parece tratarse de un pie desnudo, a juzgar por su aspecto naturalista, en el que se han incluido ambos maléolos, externo e inter-no, característicos del tobillo humano. La planta de la suela debía de incluir en toda su superficie alineacio-nes de dientes, dispuestas en cuatro bandas longitu-dinales en la zona del talón y de forma transversal en el resto. Medidas: altura 68 mm; anchura máxima 35 mm. Bibliografía. 2.4.14. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid). Dp 4565, (Sanz, 1997: 173 y 175, fig. 170: II), (fig. 12: 3). Carralaceña, hallazgo superficial. Fragmento de raspador podomorfo correspondiente al empeine y puntera de un pie calzado, en color rojizo. Sobre la planta, en todo el perímetro conservado, presenta tres profundos acanalados, realizados con punzón de punta roma, que remedan la suela del zapato. La planta de esta presenta los típicos dientes ordenados en seis largas hileras, de igual orientación. Medidas: anchura máxima 28 mm. 2.4.15. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid). Dp 4568, (Sanz, 1997: 173 y 175, fig. 170: V), (fig. 12: 4). Las Quintanas, hallazgo superficial (colección T. Ma-drazo). Raspador en forma de pie fragmentado por ambos extremos, puntera y caña, en color gris-ave-llana. Es un pie calzado en el que mediante una línea incisa se marca lo que podría ser la suela de un cal-zado con prominente tacón. Talón y arco de la zona plantar carecen de dientes que suponemos se exten-derían en el área no conservada. La zona del empeine se conforma mediante dos anchos cortes afacetados que marcan una arista central, transformada en un único plano en la zona superior de la caña. Asimismo, las aristas del arco plantar aparecen biseladas. Pre-senta decoración incisa, excisa y pintada. La composi-ción se desarrolla a ambos lados de la caña y sobre el empeine. En aquella, se disponen tres bandas vertica-les de profundos triángulos excisos triédricos, la cen-tral con el vértice orientado hacia abajo y las laterales con triángulos pareados formando un reloj de arena; por debajo una banda horizontal de dientes de lobo incisos rellenos de pintura. En el empeine, a un lado y otro de la arista central, se han marcado dientes de lobo incisos a lo largo de cada una de las facetas (en lo que se alcanza a ver). En la parte superior de estos biseles, un triángulo simple y otro concéntrico cierran la secuencia de los dientes de lobo; algunos de es-tos triángulos y dientes debieron de contar también con pintura. Motivos: bandas de triángulos excisos triédricos; banda de dientes de lobo incisos con o sin pintura. 2.4.16. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid). Dp 4566, (Sanz, 1997: 173 y 175, fig. 170: III), (fig. 12: 5). Carralaceña, hallazgo superficial. Fragmento de un raspador en forma de pie, en pasta anaranjada, co-rrespondiente a la planta de la zona anterior próxima a la puntera. Presenta tallado el arco plantar, libre de dientes. En la parte superior, a ambos lados, se apre-cian sendos planos biselados característicos del tra-bajo exciso. Los dientes de la planta se organizan en cinco líneas perimetrales concéntricas de orientación alterna rematadas en una espina central. Medidas: anchura máxima 40 mm. 2.4.17. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid), (fig. 12: 6). Ejemplar inédito, procedente de Carralaceña, fruto de la excavación realizada en 1989, dentro del sector IA, correspondiente a la unidad estratigráfica 116 del nivel IV. Se trata de un pequeño fragmen-to recortado de la pared de un recipiente de barro decantado y color gris oscuro, en cuya superficie interna se practicaron hasta nueve alineaciones de dientes de dirección alternante. Los dos laterales cortados conservados permiten intuir que serían
76 convergentes, de lo que cabe deducir un perfil lo-sángico de la pieza completa, tal y como aparece representado en la correspondiente ilustración. Es-taríamos, pues, ante una pieza de tipología B2, va-riante de la que hasta ahora solo contábamos con un ejemplar de superficie. Fig. 12. Ralladores podomorfos y tabulares de Pintia, Padilla de Duero/Peñafiel, Pesquera de Duero (Valladolid) (fotografías y dibujos según Sanz, 1997).
77 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos 2.4.18. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid), dp3445, (Sanz, Carrascal y Rodríguez, 2019: 273), (fig. 12: 7). Rallador tabular sobre galbo de cerámica torneada. Hallazgo superficial (colección F. Rodríguez). Raspa-dor de placa rectangular, ligeramente arqueada, re-cortada a partir de un recipiente torneado, de pasta decantada y color marrón. Tres de los laterales mues-tran este corte a cuchillo cuando el material aún es-taba hidratado, mientras que el restante, correspon-diente a uno de los laterales cortos, se encuentra en la actualidad roto. Los dientes se organizan en tres bandas longitudinales, triples las externas y doble la central, cada línea con orientación alternante de los dientes. Se observan dos líneas longitudinales muy poco marcadas a modo guía o esbozo que separan dichas bandas; una tercera línea ha quedado fosiliza-da bajo una de las alineaciones de dientes. Medidas: anchura 46 mm; grosor de la pared 7 mm; longitud conservada 53 mm. 2.4.19. Cerro de La Ermita, Tiedra (Valladolid), (Sanz y Sobrino, 2013: 30; Sanz, 2019: fig. 30: 7), (fig. 13: 2). Raspador tabular de barro anaranjado muy decantado, de forma rectangular, liso en todas sus caras salvo en una de las mayores que presenta doce filas de dientes que alternan su orientación. Dichas filas están delimi-tadas por finas líneas incisas. La pieza, aunque frag-mentaria, permite reconstruir todos sus laterales y, en consecuencia, sus medidas que son: 85 x 60 x 15 mm. Finalmente, todas las aristas de las piezas se encuen-tran biseladas, como es práctica habitual en el sistema de tallado del barro a punta de navaja.2.4.20. Cerro de La Ermita, Tiedra (Valladolid), (Sanz y Sobrino, 2013: 30; Sanz, 2019: fig. 30: 6), (fig. 13: 2). Esta pieza cerámica en color intensamente negro, aunque se trata, sin duda alguna, de un pie modela-do en cerámica, no puede incluirse en la categoría de objetos ahora estudiado. Y ello porque carece de los rasgos característicos de estas producciones: su color negro intenso y homogéneo, frente al anaranjado, no parece obedecer a una alteración postdeposicional, como consecuencia de un incendio, por ejemplo; la ausencia de cortes a bisel de su superficie, y sobre todo la falta de dientes en la suela, que permane-ce lisa. Además, existe otro detalle tan concluyente como el último señalado para su descarte: el extremo superior de este pie remata en un pequeño apéndice cilíndrico que serviría para ser embutido en otra pieza que podríamos identificar con la pierna propiamen-te dicha; de hecho, el desconchón que muestra por debajo del remate hacia el empeine se correspon-dería con la capa de barro dispuesta para realizar la unión. En suma, este ejemplar no puede ser conside-rado como rallador vacceo, por más que su similitud pudiera en principio relacionarlo con el modelo. Sus medidas son: longitud 75 mm; anchura 28 mm; altura 53 mm.2.4.21. El Soto de Medinilla, Valladolid, (Sanz, 1997: 332, fig. 215: 3), (fig. 13: 3). Fragmento de raspador podomorfo correspondiente a la puntera, que pare-ce corresponder a un pie derecho, en barro decan-tado de color anaranjado, con número de inventario 10 112 del Museo de Valladolid. El empeine se ha-lla configurado por dos planos y una arista central; a un lado y otro de esta se dispusieron alineaciones de estampaciones de rosetas circulares tetrapéta-las, y otra serie de ellas perpendiculares formando 11 y 13 alineaciones en cada plano, constituidas por un número variable de rosetas, entre 1 y 5. La suela muestra ocho filas de marcados dientes de orienta-ción alterna, constituidas por un número conservado de entre 8 (ambos extremos transversales), 11 a 13 (zonas medias) y 16 (centro) dientes, con un total de 92. Mide 62 mm de longitud conservada por 45 mm de anchura máxima. 2.5. Sin procedencia conocida2.5.1. Museo de Palencia (núm. inv. 305), (fig. 13: 4). Esta pieza figura como sin procedencia concreta en el registro de entrada manuscrito del museo. Mantene -mos esta atribución genérica de la provincia de Palen-cia, por más que en algunas publicaciones (Del Amo y Pérez, 2006: 50; Burgos, 2016: 20) se vincule a Ta-riego de Cerrato, Palencia. Es un rallador podomorfo fragmentado por el talón, en color anaranjado y con barros tamizados, que presenta una decoración exci-sa de cierta calidad técnica. Aunque una primera ob-servación podría llevarnos a clasificarla como de tipo C3 en función de las aparentes improntas del asidero roto y perdido, un examen más detenido nos per-mite comprobar que la rotura del empeine no tiene proyección en vertical, sino que remataría poco más allá, justo donde se produce el corte vertical proyec-tado hacia la base y que antes de llegar a la misma se vuelve y gira en dirección contraria. Ese giro creemos que tampoco tendría apenas proyección en la verti-cal, volviéndose a escasa distancia de lo conservado para adoptar un plano paralelo a la base y constituir propiamente el asidero de la pieza. Estaríamos, pues, ante un modelo diferente, similar al tabular de Coca por la presencia de asidero, pero de tipo podomorfo, que hemos clasificado como C4; en cualquier caso, convendría que en un futuro se produjeran nuevos hallazgos que ofrecieran uno de estos ejemplares completos, pese a que no dudemos de la morfología propuesta. En ese sentido, ratificando este modelo, debemos aludir a dos cuestiones importantes: en pri-mer lugar, la presencia de un diminuto orificio que atraviesa la parte alta del empeine, realizado cuando el barro aún estaba en textura cuero, y por tanto ori-ginal, para poder suspender la pieza con un cordel, lo que no tendría sentido de haberse conformado el asa característica del tipo C3; en segundo lugar, la ausen-cia en la suela de dientes en la parte posterior o talón,
78 innecesarios si se trata de la zona para asir el raspa-dor; en tercer lugar, en la pared cortada en vertical del empeine existe un triángulo exciso que solo pudo hacerse sin obstáculo alguno por detrás. La pieza muestra una decoración excisa a base de un zigzag que recorre todo su perímetro y de otras bandas oblicuas que desde la puntera se elevan en ambos planos del empeine. La suela muestra 14 fi-las de pequeñas impresiones triangulares a punta de navaja de orientación alterna (de entre 20 a 28 se-gún las filas), sin apenas generar relieve, por lo prác-ticamente no resultaría adecuado hablar de dientes propiamente dichos. Pie aparentemente calzado, tal vez derecho, aunque resulta muy simétrica su plan- Fig. 13. Ralladores tabulares y podomorfos: 1 y 2. Tiedra (según Sanz y Sobrino, 2013); 3. El Soto de Medinilla (Museo de Valladolid; dibujos Sanz, 1997; fotografías del CEVFW/UVa); 4 y 5. Sin procedencia segura, Museo de Palencia (fotografías y dibujos según Sanz, 2019) y Museo Arqueológico Nacional de Madrid (n.º inv. 3459; fotografías de Gonzalo Cases Ortega y Ángel Martínez Levas).
79 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos ta. Medidas: longitud conservada 100 mm; anchura máxima 48 mm; altura conservada 40 mm.2.5.2. Museo Arqueológico Nacional de Madrid (núm. inv. 3459), (fig. 13: 5). Aunque a veces se ha dado como procedente de Numancia (Jimeno, 2005: n.º cat. 280), lo cierto es que no puede concretarse su origen (Blanco, 2019: 89, fig. 4). La pieza se corres-ponde con el tipo C3, aunque se encuentra fragmen-tada en la parte superior o asa. Se decora a base de bandas de zigzag exciso, una perimetral próxima a la base, otra que discurre entre el asa y la puntera; en el lateral derecho dos bandas verticales y otra hori-zontal, mientras que en el lateral contrario la super-ficie resta lisa. En la suela hay 8 hileras de dientes de orientación alterna, las cuatro externas perimetrales y las interiores más cortas. En total se contabilizan 195 dientes. 3. Caracterización de la muestra, dispersión geográfica y cronología En total hemos podido recoger 33 referencias de diferentes ralladores, ya sean tabulares o podomor-fos (fig. 14). En ese número hemos descartado ya el ejemplar podomorfo de Tiedra por faltarle los dien-tes en la suela, lo que invalida su función de rallador. Asimismo, de los ejemplares de Langa de Duero y de Las Cogotas poco podemos decir más allá de su presunta existencia, ya que solo disponemos de una referencia general, sin dibujo o imagen que permita inferir característica alguna. Así pues, en la prácti-ca consideraremos un total de 31 hallazgos, de los cuales una pequeña parte son placas cerámicas (4 piezas de Tiedra, Pintia y Cauca) y el resto ralladores podomorfos (27).Entre los ralladores tabulares cabría distinguir entre aquellos que fueron obtenidos a partir de un recipiente hecho a torno malogrado, tipo B1 (los dos ejemplares pintianos) y los conformados por pastillas modeladas y cortadas a bisel, tipo B2, con (Cauca) o sin (Tiedra) asidero.Entre los ralladores podomorfos, contabilizamos 5 indeterminados, 15 de tipo C1, 3 de tipo C2, 3 de tipo C3 y 1 de tipo C4. La mayoría de ellos parecen pies calzados, lo que cabe deducir, en unos casos por la decoración de cintillas de zigzag exciso que los acompañan, en otros por presentar un corte vertical perimetral en la base que parece remedar una suela y en la que incluso en algunos ejemplares se marca un tacón elevado (piezas 2.1.1 y 2.1.2 de La Hoya, 2.1.3 de La Custodia, 2.2.5 de Numancia, 2.4.1 y 2.4.2 de Rauda, 2.4.9 de Cuéllar y 2.4.15 de Pintia), y, fi-nalmente, por representar un enfranque arqueado (2.4.4 de Rauda, 2.4.15 y 2.4.16 de Pintia).Algunos pies resultan tremendamente esquemá-ticos (2.4.3 y 2.4.7 de Rauda o 2.4.8 de Cerro Torme-jón); otros pies desnudos, por el contrario, son muy naturalistas al incluir los maléolos interno y externo (2.1.1 de La Hoya y 2.4.14 de Pintia, tal vez 2.4.5 de Rauda). No parece existir tampoco una predilección por representar pies derechos o izquierdos, ya que entre los 18 ejemplares en los que hemos podido establecer la diferenciación, el reparto es de 8 y 10, respectivamente. Otra de las características de estos ralladores podomorfos fue la presencia de orificios de suspensión (en 8 casos), documentada en los tipos C1, C2 y C4, no siendo necesarios en C3, al volverse y cerrarse sobre el empeine la caña, formando un asa cerrada; circunstancia que nos informa sobre la cos-tumbre de colgarlos mediante un cordel cuando no se usaran.La decoración solamente queda plasmada en once ejemplares, con un alineamiento vertical de triángulos excisos a ambos lados de la caña (2.4.1 de Rauda), o con sistemas más complejos de zigzags y bandas de triángulos excisos, algunas remedando las cintas de sandalias (2.4.4 de Rauda, 2.2.5 de Numan-cia, 2.4.15 de Pintia, 2.5.1 de la prov. de Palencia y 2.5.2 del M.A.N. de Madrid). No faltan las que com-binan técnica excisa e incisa a base de alineaciones verticales de triángulos y espinas de pescado (2.4.9 de Cuéllar) o triángulos y pintura (2.4.15 de Pintia). El ejemplar de El Soto de Medinilla (2.4.21) muestra una infrecuente decoración estampillada a base de rose-tas de cuatro pétalos. Técnicas y motivos que quedan acreditados entre otros tipos de producciones singu-lares como las cajitas o los sonajeros.Finalmente, si abordamos la configuración de su suela, la parte funcional por excelencia de estos ralla-dores podomorfos, podemos observar también cierta variabilidad. Ahora debemos excluir además a otros cuatro ejemplares sobre los que no es posible deter-minar este aspecto (2.1.3. de La Custodia, 2.4.5, 2.4.6 y 2.4.7 de Rauda y 2.4.15 de Pintia), de manera que la muestra queda reducida a un total de 21 piezas. La mayoría de ellas (66,6 %, 14 ejemplares) muestran filas de dientes de orientación alternante (lo que ocu-rre en el 100 % de los tabulares); otros 7, sin embar-go, incluyen una sola orientación.Existe una gran variabilidad en la configuración de las suelas de los ralladores podomorfos; en cuanto al espacio que ocupan los dientes se observan dos va-riantes: toda la superficie desde el talón a la puntera o solamente el tercio delantero, quedando libre el arco y el talón; en cuanto a su disposición: perime-tralmente con relleno concéntrico (Numancia 2.2.5, Rauda 2.4.4, Pintia 2.4.16 o M.A.N. 2.5.2), y en líneas rectas o arqueadas paralelas el resto de las piezas.El número de filas de dientes también resulta muy variable: 4 (Rauda 2.4.3), 5 (Contrebia Leucade 2.2.2, Pintia 2.4.14, 2.4.16), 6 (Arcóbriga 2.2.7, Rauda, 2.4.1, 2.4.2), 7 (La Hoya 2.1.2, Numancia 2.2.5), 8 (La Hoya 2.1.1., Pintia 2.4.12, El Soto de Medinilla 2.4.21, M.A.N. 2.5.2), 9 (Rauda 2.4.4, Pintia 2.4.17), 10 (Numancia 2.2.6), 11 (Numancia 2.2.4), 12 (Tiedra 2.4.19) y hasta
80 15 (Museo Palencia 2.5.1). En este caso encontramos una relación directa entre las piezas más simples y el menor número de dientes. Esto traduce diferencias sustanciales entre algunos ejemplares más cuidados, como Numancia 2.2.4 con 178 dientes o Museo de Pa-lencia 2.5.1 con cerca de trescientos, y otros que ape-nas superarían el medio centenar, como Rauda 2.4.3.Tal vez pudiera tener algún significado que el 50 % de los ejemplares de territorios berones y celtíberos carezcan de esa alternancia de orientación de las filas de dientes, lo que unido a la apariencia de modelado (con aspecto redondeado de sus perfiles) más que de tallado de los ejemplares 2.1.1. y 2.1.2 de La Hoya, podría ponernos en la pista de piezas imitadas, caren-tes del rigor estandarizado de los ejemplares vacceos en un aspecto tan esencial técnicamente como que en el movimiento de vaivén la superficie de rallado actúe de forma continua.Tal cuestión, nos lleva directamente, para ter-minar este apartado, a la dispersión geográfica de estos ralladores, para lo que, ahora sí, considerare-mos conjuntamente los podomorfos y los tabulares. Como puede observarse en el diagrama y mapa co-rrespondientes (fig. 15), casi el setenta por ciento de los hallazgos se hallan en territorio vacceo, un veinte por ciento en el arévaco y el diez restante entre los berones. Tales porcentajes toman mayor valor para el territorio vacceo si consideramos la intensidad de las excavaciones realizadas en lugares como la aréva-ca Numancia con más de seis hectáreas intervenidas Fig. 14. Tabla-resumen de los hallazgos de raspadores tabulares y podomorfos.
81 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos (Jimeno et al., 2017: 60) o la berona de La Hoya con unos siete mil metros de superficie excavada, valores muy por encima de los correspondientes al territorio vacceo, donde solo Pintia cuenta con una superficie de cierta extensión, en torno a la media hectárea.Esta dispersión resulta coincidente con la que ma-nifiestan otros ítems de las llamadas producciones singulares, como cajitas, sonajeros, etc. (Sanz, Carras-cal y Rodríguez, 2019: 77, figs. 33 y 34), pero también con otros elementos de la panoplia militar, como los puñales de tipo Monte Bernorio, de espigo o de filos curvos (Sanz, 2016: 205 y 210, figs. 8 y 14), lo que plantea de nuevo la estrecha conexión del territorio vacceo con el alto Ebro a través del valle del Pisuerga y la intensidad de sus relaciones que, al menos en es-tos ítems, no tiene parangón en el territorio arévaco, por más que se sitúe en el propio valle del Duero.En cuanto al contexto preciso y desarrollo crono-lógico de estas producciones singulares, no resulta fácil de establecer en la mayoría de los casos, debido al generalizado carácter superficial de los hallazgos. En cualquier caso, el lugar de aparición se produce en zona de hábitat, a excepción del ejemplar 2.1.1 de la necrópolis de Las Piñuelas de La Hoya. En efecto, los ejemplares de Rauda o se han re-cogido en los cenizales de La Loma o de la Cruz de San Pelayo (Sacristán, 1986: 205-206) o en entorno urbano en excavaciones más recientes, cuyos deta-lles concretos desconocemos. El ejemplar incompleto de Cuéllar se beneficia de su aparición en el nivel II identificado con el poblado V, el más superficial de los niveles protohistóricos sobre el que se superponen ya derrumbes medievales; aun-que no se ha proporcionado un fecha concreta para el mismo ―más allá de señalar su correspondencia a la «etapa celtibérica más clásica» en función de la presencia de cerámica fina anaranjada (antes llama-da celtibérica), combinada con cerámica a peine más barroquizada (Barrio, 1993: 207-212, figs. 19-21)―, nosotros consideramos que los materiales presenta- Fig. 15. Gráfico de porcentajes de los hallazgos por etnias y mapa de dispersión: 1. Las Cogotas, Cardeñosa (Ávila) (?); 2. Cerro Tormejón, Armuña (Segovia); 3. Cauca, Coca (Segovia); 4. Cuéllar (Segovia); 5. Tiedra (Valladolid); 6. El Soto de Medinilla (Valladolid); 7. Pintia, Padilla de Duero (Valladolid); 8. Rauda, Roa de Duero (Burgos); 9. Pallantia, Palenzuela (Palencia); 10. Langa de Duero (Soria) (?); 11. Klounioq, Quinta-naraya (Burgos); 12. Arcóbriga, Monreal de Ariza (Zaragoza); 13. Numancia, Garray (Soria); 14. Contrebia Leucade, Aguilar del río Alhama (La Rioja); 15. La Custodia, Viana (Navarra); 16. La Hoya, Laguardia (Álava).
82 dos podrían con seguridad remontarse al siglo III a. C., cuando no incluso a un siglo IV a. C., por lo que ten-dríamos aquí una de las referencias más precisas para plantear el inicio de estos ralladores podomorfos.De los tres ejemplares aparecidos en Numancia, al menos uno de ellos (2.2.4) lo hizo en las excavaciones de 1917 «a tres metros de profundidad, y entre car-bones, en la manzana XVIII». No parece fácil determi-nar la posición estratigráfica de esta y las otras piezas, pero semejante profundidad tal vez pudiera apelar a los momentos más antiguos del enclave arévaco, ahora que en la manzana XXIII y en zonas colindan-tes a la muralla ha sido posible vislumbrar las trazas de las casas rectangulares celtibéricas, con fechas de C-14 de los siglos III-II a. C. (Jimeno et al., 2017: 62).El ejemplar berón 2.1.2 de La Hoya, procede del sector I, nivel A2, cuadro E2, recinto 58. Sin los de-talles concretos de su aparición, no podemos hacer otra cosa que remitir a las cronologías propuestas para dicho nivel, entre mediados del siglo IV al II a. C. (Gil y Filloy, 1990: 270).De los siete ralladores recuperados en Pintia, solamente tenemos información contextual para uno de los tabulares, 2.4.17, aparecido en 1989 en el sector IA, UE 116 del nivel IV. Este nivel es el más antiguo momento identificado en dicho sector y co-rresponde a un estrato asentado directamente sobre las gravas naturales de origen fluvial, en el que se lo-calizan numerosos fragmentos cerámicos y pellas de barro, dando paso, sin solución de continuidad, a la terraza ya estéril. A pesar de su aspecto indefinido y de la carencia de evidencias estructurales, es incues-tionable su vinculación a la actividad alfarera, espe-cialmente manifestada en la presencia de pellas con improntas digitales. Cabría interpretarlo entonces, como el primer momento de instalación en el alfar de Carralaceña, que creemos no muy alejado del uso del horno 2 para el que disponemos de dataciones por C-14 no demasiado concluyentes con dos muestras procedentes de las cámaras de combustión y suelos del mismo que sitúan el momento de funcionamien-to de la estructura imprecisamente entre los siglos IV y II a. C. (Escudero y Sanz, 1993: 486). El análisis paleomagnético recientemente realizado sobre esta estructura, y aún inédito, ofrece una cronología de en torno al 100 a. C. En resumidas cuentas, el rallador tabular nos remitiría probablemente a un momento indeterminado del siglo II a. C.Así pues, parece posible pensar que estos raspadores-ralladores aparecen desde los siglos IV-III a. C. y se mantuvieron en uso al menos hasta un mo-mento avanzado del siglo II a. C. Una vez presentadas y caracterizadas estas origi-nales piezas del repertorio vacceo, se hace necesario profundizar en su origen y evolución y plantearnos si se trata de piezas enteramente diseñadas de manera original o si, por el contrario, se pudieron inspirar en modelos exógenos de otras culturas y territorios. 4. Origen y evolución de los ralladores (tipo B) a los raspadores podomorfos (tipo C) Si hemos de anteponer un tipo con respecto de otro, podríamos convenir que el concepto de rallador/ras-pador más simple antecedería al complejo. Como ex-presara Emeterio Cuadrado (1963: 7) «la necesidad crea el útil, el arte lo embellece», lo que trasladado a nuestra tipología significaría que el prototipo tendría la función básica de rallar y que solo en un momento más avanzado el modelado podomorfo, probable-mente en relación directa con un uso más específi-co, se habría incorporado al concepto base. Dicho de otra manera: ¿cabe pensar que las placas tabulares, aun conviviendo en momentos más avanzados con los ejemplares podomorfos, constituyeran el prototi-po de este útil ideado para cubrir la necesidad básica de rallar, sin mayor distinción?Si partimos de esta idea, en el modelo más senci-llo de rallador primaría la funcionalidad sobre la es-tética y así un fragmento de cerámica o una tableta tallada servirían perfectamente al objetivo de crear una superficie de abrasión mediante la configuración de filas de dientes, de dirección normalmente alterna que hacen más eficiente el instrumento al actuar en ambas trayectorias en un desplazamiento de vaivén.Cabría pensar que los ralladores cerámicos fueran una alternativa más asequible a los metálicos hechos en hierro o bronce y que conocemos en diversos yacimientos peninsulares de la Edad del Hierro. Por destacar uno de los hallazgos más recientes y me-jor contextualizados, citaremos el procedente de la excepcional tumba 11 de la necrópolis de El Castillo (Castejón, Navarra), correspondiente a la fase III del cementerio (segunda mitad del siglo IV y III a.C.), una fina placa rectangular de bronce de 13,5 x 7,3 cm, con 465 perforaciones cuadrangulares repartidas en 15 fi-las y 31 hileras (Faro, 2015: 70, figs. 62 y 63), cuyo vínculo con el servicio de banquete resulta apabullan-te en este caso, por su asociación a hacha, caldero, simpulum, gancho de carne, lar, parrilla, morillos y asadores (Faro, 2015: fig. 99) (fig. 16).Ralladores, de plata, bronce y hierro, compare-cen en tumbas aristocráticas en Grecia, Etruria o la Magna Grecia, vinculados al consumo del vino al estilo griego, incorporando queso rallado. Entre los siglos VII al V a. C. circulan por las rutas comerciales del Mediterráneo, localizándose numerosos ejem-plares en el noroeste y levante peninsulares, sin ser inéditos en el interior (Faro, 2015: 70). En efecto, la presencia de estos ralladores metálicos es conocida tanto en ámbito celtibérico —necrópolis de Viñas de Portuguí en Osma (Soria) o Prados Redondos (Gua-dalajara)—, como ibérico/catalán —poblado del Puig de Sant Andreu (Ullastret, Gerona), Mas Castellar de Pontós (Gerona) o Sant Martí (Ampurias, Girona)—, o ibérico/levantino —Los Villares (Caudete de las Fuen-tes, Valencia), La Bastida de Les Alcuses (Moixent,
83 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos Valencia), La Serreta (Alcoi, Alicante), El Oral (San Fulgencio, Alicante), sepultura 200 de El Cigarralejo (Mula, Murcia), etc.— (refs. en Faro, 2015: 70-71 y en Blanco, 2018-2019: 81-82), proporcionando contex-tos cronológicos que remiten mayoritariamente a los siglos IV-III a.C., si bien no faltan algunos que remon-tan al VI a. C. Los vacceos de Pintia no desconocían estos ralladores metálicos, como queda acreditado a partir de pequeños fragmentos recuperados en el ni-vel 5 de Las Quintanas (Sanz, Coria y Rodríguez, 2024: fig. 21, 10 y 20), que remiten a la primera mitad del siglo II a. C., o de otro inédito recuperado en posición secundaria en su necrópolis de Las Ruedas.Buena parte de las piezas señaladas se vinculan a tumbas de elite o a contextos de estancias especiales, por lo que cabría pensar que la naturaleza metálica del rallador mantuviera cierto vínculo con el alto es-tatus, mientras que la practicidad de los fogones don-de se procesan los alimentos cotidianamente exigiera de versiones cerámicas más sencillas (fig. 17). Aunque para época romana, no olvidemos que «tubérculos y bulbos eran una pieza clave de la dieta romana, especialmente de las clases más humildes […], como recuerda la inscripción de una lucerna al-toimperial: “pan, vino y raíces son la cena del pobre” (pauperis cena pane vinu radic)» (Quevedo, 2011: 159) y, en consecuencia, los ralladores cerámicos po-drían ser piezas habituales en el mundo cotidiano me-nos sofisticado. Este mismo autor señala cómo los ra-lladores se constatan desde la Grecia Arcaica (Villing y Pemberton 2010: 614-615) y pueden retrotraerse hasta el Minoico Medio como vendría a demostrar un recipiente cerámico troncocónico de Festos (Creta) que incluye una superficie de rallador en su interior (Quevedo, 2011: fig. 3a). Otros modelos tabulares cerámicos nos remiten al ámbito fenicio en la península Ibérica. Para realizar esta afirmación nos basamos en ciertas evidencias re-cuperadas en el yacimiento de Doña Blanca (Puerto de Santa María, Cádiz), en El Carambolo (Camas, Se-villa) o en Los Alcores (Carmona, Sevilla), por fortuna perfectamente contextualizadas y que nos remiten al siglo VIII a. C.Los primeros hallazgos, de carácter fragmentario, de El Carambolo (Carriazo, 1973: 215, 228, 290 y 573; figs. 153, 209 y 429) fueron interpretados como cu-charas de cronología eneolítica (Carriazo, 1973: 554) (fig. 18: 1 y 2). Con anterioridad Bonsor (1899: 109, fig. 79) había señalado la existencia de una pieza también fragmentaria procedente de la necrópolis de El Acebu-chal, en Los Alcores (Alcalá de Guadaira, Sevilla). De-bemos esperar hasta 2010 para obtener nuevas refe-rencias a este tipo de producciones y, sobre todo, para definir con acierto su funcionalidad y cronología. Es el hallazgo casi completo de Doña Blanca el que permite comprobar que se trata de una placa conformada por una «pastilla ovalada de arcilla cocida, de perfil plano convexo y que en su cara plana presenta un reticula-do trazado con profundas incisiones» de 12,5 por 7,5 cm (fig. 18: 3) (Vallejo, 2010). Este autor, después de señalar y descartar algunas funcionalidades propues-tas para esta enigmática pieza, aventura el interés de una superficie reticulada potencialmente abrasiva. Sus dimensiones y ergonomía permiten una adaptación perfecta a la palma de la mano, por lo que se plantea, como en su caso hiciera Blanco García para los ejem- Fig. 16. Rallador de placa broncínea, procedente de la tumba 11 de la necrópolis de El Castillo (Castejón, Navarra) (según Faro, 2015: 70, figs. 62 y 63). Fig. 17. Rallador cerámico romano de Cartagena (según Quevedo, 2011).
84 plares tabulares vacceos, «un uso doméstico, artesanal o incluso culinario, que no desentonaría con el contex-to general del hallazgo», pudiendo haber servido para «extraer jugos de determinados frutos o condimentos alimenticios», desmenuzar «sustancias de textura are-nosa y no muy consistente» (Vallejo, 2010). Un trabajo posterior de este mismo investigador profundiza en el conocimiento e interpretación de es-tos peculiares objetos (Vallejo, 2018). Partiendo de la pieza principal localizada en el Castillo de Doña Blan-ca (El Puerto de Santa María, Cádiz), se recogen otras como la tabular de Cerro Macareno (San José de La Rinconada, Sevilla), de Arroyo San Julián I (Alcalá de Guadaira, Sevilla) y de otras localidades del alto al bajo valle del Guadalquivir (Vallejo, 2018: 132), para centrarse finalmente sobre los trece ejemplares de El Carambolo (Camas, Sevilla). El contexto y cronología de la pieza del Castillo de Doña Blanca, recuperada en 1987, nos remite al extremo SE del “barrio fenicio”, en una de las zanjas practicadas en las estructuras de habitación de esta área, y a una datación de la segunda mitad del siglo VIII a.C. (Vallejo, 2018: 131).La pieza tabular de Cerro Macareno carece de contexto preciso, pero su carácter completo y su forma rectangular constituiría un buen antecedente para los ejemplares de tipo B1 vacceos, eso sí, de no corresponder a un sistema de anotación como ha sido interpretado por algunos investigadores (Fernández, Chasco y Oliva, 1979: 58, fig. 37; Sáez Uribarri, 2006). Los trece hallazgos de El Carambolo quedan dis-tribuidos de la siguiente forma: de los cinco publica-dos por Carriazo, cuatro proceden del “poblado bajo” y el otro del “fondo de cabaña”; los ocho restantes corresponden a excavaciones más recientes (2002 a 2005), siendo la mayoría de ellos recuperados en el ámbito 4 y en la estancia A-29 del ámbito 3, espacios abiertos considerados de preparación de ofrendas y alimentos en el desarrollo de rituales en el complejo religioso (Vallejo, 2018: 136, figs. 4 a 6). La estancia A-29 parece operativa desde la fase V o inicial del santuario (siglos XI-VIII a. C.) hasta la fase II (media-dos VII- mediados VI a. C.), apareciendo la mayoría de los materiales en unas fosas consideradas de amorti-zación de útiles y materiales usados en dichos ritos, a las que habría que asimilar el interpretado como “fondo de cabaña” por Carriazo. Así pues, en este contexto, la funcionalidad para estos aparentes ra-lladores vendría dada por la preparación de ciertos alimentos u ofrendas, con una funcionalidad eminen-temente doméstica o cultual, proponiéndose desde elementos de panadería, pasando por la preparación de la sal, aderezo para vinos o preparación de sustan-cias olorosas, etc. (Vallejo, 2018: 14-147).No resulta fácil establecer el camino desde estas piezas fenicias hasta nuestros ejemplares vacceos, si bien la futura Vía de la Plata opera desde la Pri-mera Edad del Hierro con notable dinamismo, como vendrían a demostrar los registros de Coca (Blanco, 2018), La Mota, en Medina del Campo (Seco y Tre-ceño, 1993), Cuéllar (Barrio, 1993) y, más reciente- Fig. 18. Ralladores cerámicos de El Carambolo, Sevilla (1 y 2) (según Carriazo, 1973) y Doña Blanca, Cádiz (3) (Museo de Cádiz; según Vallejo, 2010).
85 Producciones singulares vacceas: ralladores tabulares y raspadores podomorfos mente, el Cerro de San Vicente salmantino (Blanco et al., 2022) e incluso Pintia, con algún ejemplar inédito de timiaterio broncíneo fenicio. En conse-cuencia, cabe apuntar que esta vía podría haber resultado operativa para la introducción de este ele-mento, aunque sin descartar otras alternativas se-ñaladas para los ralladores metálicos (valle del Ebro o el SE peninsular). Si para los ralladores tabulares vacceos de tipo B las piezas cerámicas fenicias (quizás en menor medi-da las metálicas del SE peninsular o del valle del Ebro) pudieran constituir un antecedente razonablemente verosímil, determinar la inspiración de los raspadores podomorfos parece tarea más compleja. Se trataría de comprender cómo se pudo pasar de la función bá-sica ejercida por una sencilla placa de dientes a una representación del pie humano, en la que el elemen-to activo o funcional se configura en su planta. La ergonomía de la forma del pie para la pedicura queda fuera de toda duda a través de la arqueología experimental, proporcionando la caña una sujeción muy adecuada en la tarea de limar las asperezas de los pies (fig. 2). ¿Una cuestión estrictamente funcio-nal, de pura ergonomía, pudo ser la razón del cam-bio? Pensamos que no, o al menos que no solo y que, tal vez, la orientación de pedicura dada a una parte de esos ralladores, pudo ser el motivo de adoptar nuevas formas que bebieran de otros modelos de úti-les vinculados al cuidado corporal y específicamente de los pies. Tal consideración nos lleva directamente a un tipo de recipiente muy peculiar: ciertos gutti con forma de pie, en cerámica de barniz negro, recipientes tanto para el aseo personal como litúrgicos en el desarrollo de sacrificios (Plinio, Historia Natural, XVI, 73), sien-do muy frecuentes también en contextos funerarios (Bonet y Mata, 1997: 119). Se trata de recipientes ce-rrados, con una pequeña boca de alimentación, en la que se practican unos pocos orificios, por la que se rellena de aceites y con una piquera o salida, en el ex-tremo opuesto, por la que se administra el contenido.Estos gutti podomorfos calzados, mayoritaria-mente izquierdos (lo que ha llevado a definirlos como monosándalos y vincularlos a ciertos mitos y ritos me-diterráneos en los que un personaje se descalza un pie) (Grau y Crespo, 2012), «representan un motivo helenístico propio del barniz negro suritálico y cuya producción arrancaría desde finales del siglo IV a.C. y se desarrollaría especialmente en el s. III a.C. a lo largo de la costa norte-africana o en territorio sardo y siciliano». Su recepción en la península ibérica parece producirse por vía púnica, observándose una distribu-ción a territorios ibéricos del oriente y noreste, según cabe deducir de los ejemplares conocidos en Murcia (El Cabecico del Tesoro, Verdolay), Alicante (necrópo-lis de l’Albufereta de Tossal de Manisses-Lucentum), Fig. 19. Guttus de barniz negro del Puntal dels Llops (Olocau, Valencia) (fotografía: Museu de Prehistòria de València) y raspador podomorfo de Numancia (dibujo: Marian Arlegui).
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